FERNADO SAVATER . RECUERDOS ENVENENADOS.

 



David Rieff

            Fernando Savater


Biografía  de David Rieff 

David Rieff (Boston, 1952), licenciado en Historia por la Universidad de Princeton, es analista político, periodista y crítico cultural estadounidense. Sus artículos se han publicado en importantes medios como The New York Times, The Washington Post, The Wall Street Journal, Le Monde, The Atlantic Monthly, Foreign Affairs o El Pais. Es hijo de Susan Sontag y autor de Una cama para una noche (Taurus, 2003), Crímenes de guerra (Debate, 2007), Un mar de muerte (Debate, 2008), A punta de pistola (Debate, 2011), Contra la memoria (Debate, 2012) y El oprobio del hambre (Taurus, 2016).


Biografía de Fernando Savater

Fernando Savater nació el 21 de junio de 1947 en San Sebastián, España.

Hijo de un notario. Su familia se trasladó a Madrid.

Cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Central. En 1975 se doctoró con una tesis sobre Nietzsche. Impartió clases de Historia de la Filosofía en la Facultad de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid, de donde fue expulsado por su actitud de crítica política al régimen franquista

Fue profesor de Ética y Sociología en la Universidad a Distancia, UNED, y en 1980, comenzó a impartir clases de Ética en la Universidad del País Vasco en San Sebastián.

 Fue Amenazado de muerte por la banda terrorista ETA, vivió entre San Sebastián y Madrid acompañado por escoltas.

Colaboró con la Plataforma Pro para crear un partido político de carácter nacional capaz de trascender   el antagonismo político izquierdas-derechas. El partido se fundó en septiembre de 2007 con el nombre de Unión, Progreso y Democracia. Fernando Savater junto con Rosa Díaz, Albert Boadella y Mario Vargas fueron algunos de sus impulsores interviniendo en su presentación.


El siguiente artículo  apareció en la edición impresa del martes, 22 de junio de 2010.

                                                    Recuerdos envenenados

                                                            Fernando Savater

David Rieff es un periodista y politólogo que ha publicado durante muchos años trabajos destacados en revistas como New Republic y World Policy Journal, aunque probablemente en España sea más conocido por Un mar de muerte, en el que narra la última enfermedad y muerte de su madre Susan Sontag (publicado por Debate en castellano y La Magrana en catalán). También importa destacar que es fundador y director del departamento Crímenes de Guerra en la Universidad Americana de Washington DC. Ha conocido personalmente esos crímenes en lugares como Ruanda, Kosovo, Israel y Palestina, Irak o Bosnia. Precisamente es su experiencia en este último país la que ha provocado su obra más reciente: "En las colinas de Bosnia aprendí a odiar pero sobre todo a temer la memoria histórica colectiva. En su apropiación de la historia, que ha sido mi pasión más sostenida y mi refugio desde la infancia, la memoria colectiva logra que la historia misma se parezca más que a nada a un arsenal lleno de armas necesarias para mantener las guerras o hacer de la paz algo tenue y frío".

Para David Rieff el complejo colectivo de las víctimas suele crear otros verdugos

El libro, breve y contundente, que ha escrito para University of Melbourne Press se titula Against Remembrance. O sea, Contra el recuerdo, pero conviene tener en cuenta que "remembrance" se usa también por "conmemoración". En efecto, mientras que la memoria personal recuerda incluso sin querer y con frecuencia se esfuerza en olvidar para iniciar nuevas etapas de la vida, la memoria colectiva conmemora como hitos inamovibles ciertos acontecimientos en que funda la identidad grupal y considera el olvido no una nueva oportunidad sino un atentado. Para Rieff, la memoria colectiva difiere esencialmente de la historia: primero, porque la historia se ocupa de los sucesos como algo pasado, es decir que ya no está, mientras que la memoria colectiva conmemora el pasado como aún presente -para bien o para mal- y como razón fundamental de las empresas actuales; segundo, porque la historia no es un menú del que se pueden incluir los platos sabrosos y excluir los indigestos, mientras que la memoria colectiva selecciona, sacraliza y mitifica de acuerdo con el narcisismo del grupo y sus ambiciones del momento. La historia pretende establecer la verdad de lo que fue y la memoria histórica influir en la verdad de lo que es; la primera se modifica al descubrir nuevos hechos, la segunda cambia con los intereses estratégicos.

El autor se enfrenta a venerables tópicos, como el dictamen de Santayana "los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo" (dada la perpetua transformación de las sociedades, ninguna tragedia o desmán rememorados vacunan contra otros futuros y a veces sirven para legitimarlos) o el de que no hay verdadera paz sin haber hecho justicia (abundan los ejemplos contrarios y no siempre pueden ser igualmente bienaventurados los justicieros y los pacificadores). La memoria de los crímenes puede estar justificada en tanto viven quienes los cometieron, pero más allá de la desaparición de estos se convierte en una carga culpabilizadora que busca nuevos chivos expiatorios y fomenta discordias o atropellos. Recuerda Rieff que el complejo colectivo de víctimas suele crear otros verdugos: los nazis consideraban a los judíos culpables de la derrota alemana en la Gran Guerra, los estalinistas proclamaban que los kulaks boicoteaban la revolución y hoy algunos sionistas creen que los horrores del Holocausto justifican cualquier política opresora de los palestinos. Cuando un grupo humano tiene tendencia a automitificarse, incluso las mejores razones de la memoria colectiva son un combustible peligroso.

También se ocupa brevemente del juez Garzón, tanto por el caso Pinochet como por su conflictivo intento de abrir la causa de los crímenes del franquismo. Su comentario es matizado y respetuoso. Quienes aquí nos aseguran que en el extranjero el asunto no se entiende o resulta escandaloso harán bien en leer a Rieff: para enriquecer su perspectiva.


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