JOSÉ CASTILLEJO. LAS DEMOCRACIAS DESTRONADAS. UN ESTUDIO A LA LUZ DE LA REVOLUCiÓN ESPAÑOLA 1923-1939.

 


José Castillejo: Las democracias destronadas.




Libro escrito a partir de notas y materiales utilizados par a unas conferencias impartidas por el autor a lo largo de 1938, en la Universidad de Columbia y otras instituciones de los Estados Unidos.

2. LA SEGUNDA REPÚBLICA

I. TEMORES Y DUDAS

[...] Antes de redactar la nueva Constitución, el Parlamento votó, el 22 de octubre de 1931, un estado de excepción " en defensa de la República". Daba  al ministro del Interior poderes para suspender los periódicos ( y de hecho unos cien fueron suspendidos), detener individuos, expulsarlos de cualquier parte del país o de portarlos (aproximadamente ciento cuarenta fueron enviados a Villa Cisneros, en África) cesar o suspender a funcionarios gubernamentales ( casi cien jueces, fiscales, y magistrados fueron cesados), intervenir en cualquier tipo de reunión e imponer multas sin base legal ( se multó a católicos por ostentar en público símbolos religiosos)

Un llamamiento en defensa de la República parecía a primera vista el mecanismo más adecuado para unir a los republicanos, pero revelaba un temor que no estaba justificado ni por los resultados de las elecciones generales, en los que los monárquicos sólo habían obtenido un escaño, ni por la atmósfera general del país. cuando el Presidente del Gobierno, en uno de los apasionados debates de las Cortes constituyentes, dijo: " debemos renunciar a la libertad para defender la República", las únicas interpretaciones posibles eran, o bien que la República no estaba respaldada por la gran mayoría de los españoles y había sido urdida por pequeños grupos de agitadores y, por lo tanto, había que renunciar no sólo ala libertad sino también al a la democracia, o bien  que la República a la que se estaba refiriendo era en realidad un partido y dejaba fuera a todos los  otros grupos- desde los anarquistas a los reaccionarios agrarios- que también se proclamaban republicanos.

Era lógico pensar que estos partidos condenados al ostracismo aprenderían la lección y, cuando llegasen al poder intentarían también ellos salvar su propia República con mecanismos similares.

Esto ocurre, hasta cierto punto, en todas las democracias. La diferencia es el grado y los medios elegidos para su defensa. si las diferencias ideológicas entre los partidos son muy grandes y no compiten en igualdad de condiciones y bajo un sistema judicial independiente que haga respetar la ley, sino recurrido a resoluciones arbitrarias y procedimientos reservados, entonces la democracia está condenada a muerte.

Y esto fue lo que ocurrió en España desde el día en que se aprobó la Ley de Defensa de la República. Fue en realidad un reconocimiento del fracaso republicano un homenaje a los métodos del dictador, una renuncia a la democracia liberal y una declaración de guerra civil, guerra que larvada o abierta ha estado presente en España desde entonces.

Sus autores sostenían que el Gobierno era responsable ante el Parlamento; pero , de hecho, ciudadanos españoles fueron cesados en sus puestos, desprovistos de sus derechos o encarcelados, sin haber quebrado la ley, sin ser acusados y sin condenas firmes. El efecto de esta medida tras siete año de dictadura fue más dañino para la República que todas las maniobras de los conspiradores. Una parte de las clases medias que se habían convertido en republicanas y soñaban con la libertad y la legalidad empezaron a vacilar y a hacerse preguntas.[...]



II. UNA CONSTITUCIÓN ELÁSTICA

En una atmósfera cargada de nubes de guerra civil por la política tendenciosa de los partidos y la  Ley de Defensa de la república, difícilmente podía aprobarse una Constitución política a menos que tuviese dos caras y lanzase promesas sonriendo en dos direcciones opuestas. Esta era la imposible misión del Parlamento constituyente formado intelectuales y líderes sindicales [...]


VIII. LOS LÍDERES POLÍTICOS

[...]  Se ha criticado con frecuencia  a la Monarquía por elegir ministros incompetentes los líderes republicanos españoles confiaban en que una república de intelectuales fuese capaz de concluir la democracia con prestigio científico y la capacidad [...]

Los republicanos españoles dejaron de lado las normas más elementales de habilidad política y olvidaron sus propias críticas a la Monarquía. El Ministerio de la Guerra fue codiciado por políticos sin ninguna preparación militar, que pretendían controlar el Ejército y ponerlo al servicio de los partidos, el Ministerio de hacienda fue confiado a un periodista sin l amás mínima calificación académica o empresarial, y más tarde aun excelente catedrático de fisiología; un buen catedrático  de farmacia fue nombrado ministro de Marina; un arquitecto ministro de Fomento; poetas y literatos fueron al extranjero como embajadores. todos estos hombres, de entre los mejores del país, hubieran sido excelentes de haber estado en el lugar adecuado. Cuando los obreros se hicieron cargo de la Jefatura del Gobierno dieron un toque humorístico a aquellas acrobacias intelectuales y escogieron como ministro de Justicia  a un hombre que había pasado una buena parte de su vida en la cárcel   [...]

    En ciudades y pueblos  la norma general fue colocar al frente de las funciones políticas a las víctimas del régimen anterior. Con una vida media de tres meses y medio para cada gabinete republicano; quedaba asegurado un suministro suficiente de víctimas; pero por desgracia no todas las persecusiones habían sido contra los ciudadanos más honestos y capaces [..]

     En la reunión de San Sebastián de agosto de 1930, el comité revolucionario había decidido que Alcalá Zamora encabezase el primer gobierno provisional. Era medida de precaución antes de la caída de la Monarquía ,pues Alcalá Zamora gozaría de la confianza de los católicos y las clases medias, cuya cooperación se juzgaban indispensable.[...] Estaba convencido de la necesidad de comenzar con una república conservadora para emprender reformas que la Monarquía hubiera podido abordar y que una mayoría católica aceptaría o apoyaría  a una república burguesa en la que los trabajadores podrían cooperar pero no dominar.. recordando la suerte que había corrido la república de 1873 y el experimento de Canalejas, temía que una república joven, con una opinión pública todavía dubitativa y asustada, y que tendría que enfrentarse a la natural reacción, pudiera ser una nueva víctima de los extremismos  de izquierdas. Por lo tanto, se retiró del Gobierno tan pronto como empezaron la persecución religiosa y la influencia socialista. Cuando más tarde fue elegido Presidente de la República, evitó tanto una tendencia aristocrática como proletaria. Se negó a formar gobiernos encabezados por hombres de la derecha, sospechosos de creencias republicanas endebles , o por líderes de la izquierda, partidarios de la lucha de clases. Su primer  presidente del Consejo fue Azaña, quien representaba la izquierda del centro.

      Manuel Azaña era un hombre de mediana edad, inteligente, elocuente, un burgués equilibrado, sin  la  menor experiencia política práctica o teórica y sin ningún contacto con las masas; quizás en el fondo era un solitario, un volteriano, una mente aristocrática y un racionalista que aborrecía la psicología de masas. Formado en lecturas francesas y chismes  de club, un poco celoso del krausismo y de la ciencia alemana y bastante impermeable a los métodos del conservadurismo británico para hacer aprobar reformas drásticas, imaginaba que una república burguesa  tenía más posiblidades de sobrevivir cuantas más concesiones hiciese a los proletarios y a las minorías dela izquierda, mientras que ceder ante la derecha fortalecería los vestigios de la Monarquía.

    Por consiguiente, decidió embarcarse de nuevo en el experimento  de Canalejas, confiando en establecer una democracia  republicana con una dosis de socialismo lo suficientemente importante como para prevenir la revolución que ya estaba rugiendo en las calles y campos. Las condiciones eran, por tanto, mucho más difíciles y peligrosas que en la época de Canalejas. Azaña colocado en el centro del equilibrio político, se vio en la situación de tener que decidir en última instancia, una dura prueba para cualquiera y mucho más para un español. El temperamento de la raza violento y por ende débil, convierte a un estadista en presa fácil para sus enemigos si saben como atacarle y en prisionero de sus amigos si saben adularle.

    La enemistad entre Alcalá Zamora y Azaña se convirtió en el símbolo personalizado del intrincado enredo y político. Con los republicanos divididos  e indecisos sin ideales firmes y flexibles, la república burguesa liberal-democrática, asediada por extremistas estaba condenada al fracaso. La única duda era quién se quedaría con sus despojos, si sus enemigos de la derecha o los de la izquierda. Esto era lo que la guerra civl decidiría. Nadie podía esperar que la victoria trajera la democracia.


IX LAS TRES LEGISLATURAS.

1. Primera legislatura: del 28 de junio al 9 de octubre de 1933. Fue elegida con la ley electoral  de la Monarquía. El único partido que tenía una organización real y sólida en el país era socialista. Esto le dió más escaños en la cámara de los que correspondían a su fuerza real. Los otros grupos eran todos nuevos y no tenían ni crédito mi programa. Los socialistas no tenían una mayoría para gobernar solos; sus lideres moderados y evolucionistas  se oponían ala colaboración con partidos burgueses, mientras la izquierda socialista por el contrario lo aceptaba como la mejor manera de acelerar la revolución. Los monárquicos y católicos fanáticos ya habían provocada a las masas en mayo de 1931 y como consecuencia se produjeron motines, incendios y un nerviosismo general.

         [...] Azaña supuso que las amenazas revolucionarias asustarían. a los monárquicos, católicos y reaccionarios y les empujarían a particular en sus reformas. No tenía ninguna duda sobre la posibilidad de combinar socialismo y democracia proclamaba su inclinación a dejar de lado escrúpulos liberales [...]

    El Gobierno se había equipado con dos armas. la Ley de Defensa d l a República, que concedía poderes dictatoriales al Presidente si estaba respaldado  por la mayoría del parlamento y un aumento de las fuerzas policiales, tanto delos viejos guardia civiles como de las nuevas brigadas de choque republicanas. Las dos fueron insuficientes.. El Gobierno, violando tanto tanto la Constitución como la la ley de Defensa mantuvo la suspensión de los periódicos más allá de los límites permitidos, deportó a muchos extremistas, depuró a muchos funcionarios " indeseables" y Azaña emprendió la reforma del Ejército  para limpiarlo de oficiales desafectos. Estas y otras medidas, que dañaron el sistema judicial o violaron los  derechos civiles o el procedimiento legal [...]
    
    En 1933, en muchas ciudades, obreros y campesinos se levantaron contra la república burguesa y contra el Partido Socialista, que era su principal apoyo.Muchos extremistas exiliados durante la dictadura volvieron de Rusia, donde donde habían tenido un buen entrenamiento en disciplina comunista, métodos  terroristas y técnicas revolucionarias.
  
     El régimen político ya no podía seguir denominándose democrático, pero todos los partidos se aferraron a esta etiqueta, en parte porque ninguna otra era popular, y en parte porque todos ellos consideraban en usar para su propio beneficio el control democrático.
    
    En esta atmósfera sombría se disolvió el primer Parlamento republicano en octubre de 1933.


2. Segunda legislatura : del 19 de noviembre de 1933 al 7 de enero de 1936. De los 473 escaños, la izquierda pasó a sólo 99. Los republicanos de izquierdas fueron casi totalmente barridos. el mayor grupo independiente eran los radicales de Lerroux. en poco más de dos años, diez gobiernos dirigieron el país [...] Su política general era retrasar o detener la separación Iglesia-estado, así como la legislación social o agraria.

    [...] Tuvieron que enfrentarse con huelgas y revueltas, y cerraron varios centros socialistas, comunistas y sindicalistas [...]

    Ante una crisis de gobierno, en octubre de 1934 los socialistas amenazaron con una revuelta si se nombraba algún ministro perteneciente a uno delos grupos republicanos  conservadores más grandes  del Parlamento. El presidente dela República no podía dejarse intimidar por las amenazas y concedió tres carteras a pesar de la amenaza de veto. Dos rebeliones muy graves estallaron a continuación, una en Cataluña[...] y la otra en Asturias [...] Se declaró la ley marcial en toda España, se suspendió la autonomía de Cataluña, se juzgó a sus consejeros y se les condenó a treinta años de prisión. Los últimos gobiernos fueron formados por grupos de centro y el Parlamento fue disuelto porque el Presidente dela República no quería designar Presidente del Gobierno a un miembro del numero grupo reaccionario.

    Una vez más, la democracia no había funcionando debido a que el Parlamento estaba demasiado dividido y continuamente amenazado por los revolucionarios que abundaban en el país, muchos de ellos jaleados por grupos parlamentarios. Ni la derecha ni la izquierda eran todavía lo bastante fuertes como para dar un golpe dictatorial que pusiera fin a la ficción de régimen democrático.

    De cara a las nuevas elecciones formaron dos bloques: uno era reaccionario y prometía reforzar la autoridad y detener el crecimiento social-comunista; el otro, un " frente popular" de la izquierda y republicanos de centro. socialistas moderados ,marxistas, comunistas, sindicalistas y anarquistas. prometía reemprender las reformas de los dos primeros años, readmitir a todos los obreros y funcionarios  cesados durante la legislatura anterior[...] y garantizar una amnistía los prisioneros políticos [...]

    Tercera legislatura del 16 de febrero de 1936 a la revolución. Su primer gobierno estuvo compuesto por republicanos son socialistas.[...]
    
    El Parlamento fue informado de que desde las últimas elecciones generales , se habían declarado 331 huelgas y 170 iglesias y 79 clubs y varios oficinas de periódicos habían sido incendiados [...] El 18 de julio en centenares de ciudades, estalló un levantamiento militar cuidadosamente preparado seguido de una huelga general como respuesta. la guerra civil y la revolución que habían estado fraguándose desde el comienzo de la República, se iniciaron simultáneamente.Las dos estaban preparadas de antemano, aunque una más que  otra.


X. PREPARADOS PARA LA GUERRA CIVIL

Los líderes de la derecha, al darse cuenta de que la democracia se había convertido en algo imposible, se pusieron a preparar una alternativa. Aglutinaron a las victimas de persecuciones, a los que habían visto sus intereses amenazados, sus ambiciones frustradas, a los entusiastas fanáticos, a los republicanos descontentos, a los liberales descorazonados, al clero y a los católicos, a los capitalistas y a una gran parte de la burguesía. Contaban con oficiales del Ejército descontentos expulsados por la República y con generales dispuestos a deshacer lo que otros generales habían hecho. Por último, sondearon conexiones internacionales y una posible ayuda en los países de la nueva santa alianza contra el comunismo. Con o sin razón, estaban convencidos de que la política republicana tras las lecciones de febrero de 1936 sólo podía llevar el comunismo.

Por su parte, los revolucionarios de la izquierda habían ido preparando tres elementos indispensables: recursos, armamento y organización. Huelga, propaganda y motines les habían proporcionado un excelente entrenamiento. Tenían comités y delegados con instrucciones secretas y concretas en las ciudades y pueblos.

Un alzamiento militar les ofrecía buenas expectativas. Podrían provocar la indignación pública y sería una señal indiscutible para empezar una revolución. Se hizo circular la orden de ir a la huelga general en caso de revuelta militar, con esperanza de que muchos soldados, miembros de los sindicatos, abandonasen a sus oficiales en el momento preciso o se deshiciesen de ellos. No hay indicios de ayuda rusa directa hasta mucho después de que los nacionales hubiesen recibido tropas extranjeras y avanzado hacia Madrid.

    La primera reacción del Presidente de la república, cuando el miope gobierno le presentó su dimisión, fue nombrar un gabinete más moderado dirigido por Martínez Barrio, buscando obviamente alcanzar un compromiso que evitase la guerra civil. Pero el nuevo gobierno tuvo una vida muy corta, de sólo unas pocas horas. Según parece, los líderes de los sindicatos obligaron al Presidente a revocar sus nombramientos y se formó un gobierno republicanos, bajo Giral, dispuesto a recoger el guante y armar a las masas para defenderse.

    Como siempre ocurre en las guerras, ambos bandos recurrieron a métodos políticos similares y a idénticas pautas de propaganda. Cada uno de ellos persuadido a sus masas de que la única solución posible era exterminar al enemigo. Los fascistas en un lado y los rojos en el otro eran considerados como animales salvajes y ejecutados en el acto. Las maldades de los adversarios, así como como sus crueldades, publicadas en miles de periódicos y panfletos, eran la principal justificación alegada. Pero no la única. Una vez despojadas de la palabrería del proselitismo; encontramos dos tesis políticas distintas, listas para decidir en una terrible guerra lo que los partidos habían sido incapaces de solucionar en cinco años de discusiones parlamentarias.

Los republicanos afirmaban: representamos la voluntad de la mayoría, somos una democracia; para bien o para mal tenemos derecho a gobernarnos a nosotros mismos y a emprender cualquier reforma gobierno; no podemos permitir ninguna resistencia por parte del Ejército, que es sólo un instrumento subordinado al poder civil, aún menos por parte de la Iglesia, gobernada desde el exterior, o por parte de la aristocracia y el capitalismo, que son sólo explotadores, no admitimos ningún principio superior o restricción a las decisiones de la mayoría de los ciudadanos.
Por su parte, los nacionales afirmaban: una mayoría de unos pocos miles de votos, si es que realmente la hubo en las últimas elecciones, no autoriza a emprender en el país cambios tan fundamentales que no pueden ser rectificados en subsiguientes elecciones: una democracia que no respete en alguna medida el legado y las costumbres del pasado y no deje suficientes posibilidades de cambio a las generaciones futuras, es sólo una revolución que provoca otra; una democracia  no puede vivir bajo la continua amenaza de agitadores o masas, necesita también un mínimo de acuerdo entre los partidos y un mínimo de continuidad, requiere una justicia independiente; es incompatible con partidos que, bajo inspiración extranjera, pretendan derribar la estructura que los ampara; no nos gobernamos contra un gobierno legítimo en vista de su ausencia, nos levantamos para traer  de nuevo  la ley y el orden


3.  PRINCIPALES REFORMAS DE LA REPÚBLICA.

1. LA POSICIÓN DE LA IGLESIA

En España la Iglesia católica era al mismo tiempo:

a) Una autoridad moral fuerte y sólida, y una fuente consuelo y esperanza para la gran mayoría de los españoles.
b) Una estructura que reunía emitidas benéficas muy variadas.
c) Una organización educativa.
d) Una fuente se superstición y beatería.
e) Un aliado político de la Monarquía, a quien reclamaba una posición de privilegio en la vida pública y tanta capacidad de control como fuera posible.

Pero no es cierto, como algunos propagandísticas intentaron difundir tergiversando la realidad, que la Iglesia tuviera en España el control de gobiernos, universidades, escuelas, Ejército y finanzas […]

Los republicanos estaban divididos en lo referente a su política religiosa A grandes rasgos, la mitad de ellos querían reformas moderadas y graduales mediante negociaciones con Roma, mientras que la otra mitad quería la separación de Iglesia y Estado, y freno alas actividades educativas de la Iglesia y Estado y un freno a las actividades educativas de la Iglesia a la manera de la república francesa, aunque en cierto modo de forma más drástica.
Los partidos de izquierda, socialistas, comunistas sindicalistas y anarquistas, que contemplaban el catolicismo como una simple supervivencia de la ignorancia medieval, incompatible con el espíritu moderno, eran decididamente antirreligioso. Ningún partido aceptaba una solución estrictamente liberal.
Esta divergencia de opiniones, todas tendenciosas y aferradas a sus propios principios en un país que había estado durante siglos bajo la disciplina o el dominio de la Iglesia, hacían el conflicto aún más duro. Casi no había miembros de Iglesias que no fuera la católica y la mayoría de los anticlericales eran librepensadores sin ningún compromiso confesional.

Si los republicanos hubieran estado unidos, su única victoria posible hubiera sido el compromiso y la reconciliación. Cualquier iniciativa agresiva a la que pudieran sumarse resultaba para ellos. Incluso en caso de triunfo, pues la victoria es siempre extremista. Es una alianza que hubiera vencido a la Iglesia el más fanático de los socios hubiera reclamado el botín, mientras comunistas y socialistas, de acuerdo con sus principales habrían demolido la Iglesia sólo para ocupar su hogar.

Las condiciones eran favorables que nunca para recurrir a un método de negociación y evolución, pues los seguidores de la Iglesia, conscientes del cambio en la opinión pública y de la violencia de los extremistas, estaban asustados y dispuestos a condescender. Aún más, una parte, considerable de los líderes católicos se inclinaban hacia una mayor independencia de la Iglesia y su separación del Estado. Pero los izquierdistas con el entusiasmo de su primera victoria electoral, creían que la ocasión era quizá única para dar un golpe decisivo. Confiaban demasiado en dos factores: el descrédito político de la Iglesia durante la dictadura, lo que era un hecho real, y la omnipotencia de una mayoría parlamentaria republicana, lo que era una mera ilusión. Pasaban por el alto efecto vigorizador de la persecución sobre los sentimientos religiosos. Cuando la disputa comenzó la mayor parte de la opinión pública era contraria a la Iglesia. Comenzó a cambiar de postura cuando las medidas adoptadas violaron los derechos constitucionales de libertad e igualdad. La mayor parte del país quería liberarse de la opresión de la Iglesia, pero no oprimir a la Iglesia. La persecución podía hacer de la Iglesia un paladín de la libertad, un papel que gusta mucho y es un fuerte baluarte de España. El prestigio que los católicos habían perdido bajo la protección del dictador podía reconquistarse bajo la campaña antirreligiosa republicana.



13. La revolución anticlerical.


La cuestión religiosa, insignificante en sí misma y fácil de resolver, pues el espíritu de tolerancia se había puesto a prueba durante muchos años, se convirtió en una disputa de amour propre entre dos mitades del país. Las ideas menguaron hasta el punto que al español medio sólo se le ofrecían dos alternativas.

Cuando las elecciones de febrero de 1936 dieron el poder a las izquierdas, el humo de la quema de iglesias anunció que las masas habían aprendido la lección. Había empezado una guerra religiosa.

Las consecuencias políticas fueron un activo para los líderes revolucionarios y un descrédito para el gobierno republicano. Los agitadores anticatólicos alegaron como disculpa el monopolio y la intolerancia de Iglesia durante siglos y presentaron la quema de 1931 de unas pocas iglesias, sin daño alas personas, como un aviso dado al Gobierno. Interpretaron la creciente desaprobación hacia la Iglesia como una prueba al menos de su eficacia política. Por otra parte, exculpan a las masas de su violencia porque, después de haber expresado su voluntad en unas elecciones generales y haber esperado cinco años una solución, no se les había dejado más alternativa que la acción directa. Miles de ciudadanos contemplaban los edificios, imágenes y altares incandescentes como los antiguos católicos contemplaban a los heréticos atados a la estaca, con el sentimiento de que eso era justicia divina.

Diferente era la actitud de la opinión pública en lo referente al Gobierno. La pasividad de éste era interpretada por las clases medias y altas como connivencia o impotencia frente a la revolución, mientras lo revolucionarios estaban convencidos de que tenían al gobierno títere enteramente a su disposición. Desde 1931, cuando un ministro de la Gobernación católico no fue capaz de detener en el acto la quema de Iglesias, los partidos republicanos habían sido acusados de debilidad o de traición. Los extremistas de ambos lados aparecían, por el contrario, como el emblema del valor, la sinceridad y la fidelidad. Cuando estalló la guerra civil, la única posibilidad de los republicanos fue dar pruebas tangibles de su lealtad a uno u otro de los extremos, una dura rendición para muchos demócratas sinceros aunque incapaces, y aún dura el puñado de verdaderos liberales.

La guerra civil no se libraría como en el siglo XIX por una parte los liberales contra la autocracia. Cinco años de fracasos republicanos la plantearon como un duelo entre dos absolutismos



B. LA AUTÉNCIA ESCISIÓN
 
La guerra civil dividió al país en dos mitades y es obvio que no podían ser muy diferentes, pues el conflicto real  no era entre dos mitades geográficas de España. A diferencia de la lucha entre Irlanda en Inglaterra, o de las revueltas de las nacionalidades inmersas en la monarquía austriaca, la guerra civl no ha sido el resultado de una antítesis de razas o religiones. Ha sido más bien un cisma como fueron las guerras de religión, hasta el punto de que la escisión se produjo dentro de cada familia, en cada pueblo o ciudad y en cada provincia por toda laPenínsula. Lo único que hizo la guerra civil fue delimitar el mando: en una parte de España el control cayó en manos de aquellos partidos que estaban sojuzgados en la otra, y los que en una zona eran las víctimas eran los jefes en el otro lado. Los asesinatos  y las ejecuciones a millares alteraron gradualmente, y hasta cierto punto, el peso estadístico de cada fuerza en ambas zonas; pero después de dos años y medio de lucha había todavía millones de fascistas en los territorios controlados por los republicanos y millones de rojos en el campo opuesto. Cualquier solución a la que se llegase a través de una victoria implicaría el sometimiento forzoso de aproximadamente la mitad de la población; sin embargo, una solución basada en la tolerancia mutua y en las concesiones sería prácticamente imposible teniendo en cuenta las creencias fanáticas existentes, fortalecidas por el apoyo moral y material que ambos bandos encontraron en países extranjeros [...]

    Los sindicatos, sospechando un golpe de Estado y esperando impedirlo, habían hecho circular órdenes secretas llamando a una huelga general si estallaba una rebelión militar. Cuando esto ocurrió, el 18 de julio de 1936, la débil sombra de gobierno que había sobrevivido a la dura prueba de los cinco meses precedentes se esfumó y por toda España nuevas formas de autoridad y orden comenzaron a luchar contra el caos [...]

    Las únicas fuerzas organizadas eran : el Ejército. los sindicatos, la Iglesia y el funcionariado, pero en ninguna del ellas había unión interna. En el Ejército había generales y oficiales republicanos-socialistas, republicanos antisocialistas, monárquicos y fascistas. En los sindicatos, anarquistas y sindicalistas que se oponían abiertamente a los socialistas y habían luchado contra ellos  en las últimas huelgas  en Madrid, en mayo  del 36, mientras que anarcosindicalistas y socialistas eran cualquier cosa menos amigos delos comunistas, que por otra partem tenían a los troskistas como enemigos más acérrimos. Entre los católicos, un grupo considerable admitía l idea de una república democrática y de la separación de l aIglesia y del Estado, pero la mayoría asustada por las persecusiones, hubieran celebrado una restauración monárquica, había también un considerable cisma  tanto entre los monjes y el bajo clero regular como entre este último y los altos dignatarios. El funcionariado, desmoralizado por las purgas alternas, estaba repartido entre todos los partidos que podían ofrecer protección desde arriba y había perdido todo su prestigio técnico.

    Por otra parte, una nueva fuerza, desorganizada pero pronto unida y unánime, entró en escena: seducidos por la perspectiva del botín y la inexistencia de responsabilidades, emergieron las masas de miles de criminales, cuyo número aumento cuando la muchedumbre abrió las grandes prisiones [...]

     Para mantener la moral alta y conseguir apoyo, en casa y en el exterior, ambos lados recurriron a una campaña de propaganda encaminada principalmente a denigrar al enemigo. Las atrocidades fueron exageradas, y en algunos casos inventadas. No había límite en lo que de los enemigos podía creerse. El carácter, los vicios y las virtudes de España republicana no podían ser muy diferentes de los de la zona nacional- Sin embargo, algunos contrastes eran obvios. En la zona nacional la disciplina, aun lejos de ser perfecta, era más estricta que en lado republicano, y las víctimas de la represión, venganza o fanatismo fueron principalmente trabajadores sin nombre y sin parientes o amigos capaces de denunciar el crimen. en el lado republicano había más libertad, a veces bordeando la anarquía, y se persiguió a los aristócratas, clases adineradas, intelectuales y curas, cuya muerte era más ampliamente difundida y comentada. No hay estadísticas disponibles, ni podrían los meros números ser prueba alguna del grado de ferocidad.

    En el lado del Gobierno la primera señal de orden después de la confusión inicial fue un simple equilibrio y combinación de fuerzas entre varios grupos, bien por sumisión o por alianza La gente tenía que renunciar a su libertad, ideas y responsabilidades y refugiarse bajo la autoridad ilimitada de cualquier líder poderoso.

    Los sindicatos estaban organizados en criterios democráticos, pero sus delegados e inspectores, aunque respaldados por una mayoría eran auténticos dictadores. Las vidas de los que no podían  ganarse sus simpatías corrían riesgos. Un obrero que trabajase con demasiado entusiasmo podía levantar sospechas de " fascismo".

    Cuando estalló la revolución los empleados de las fábricas, los profesores de las escuelas, el personal de las oficinas públicas, los trabajadores  de ferrocarriles, correos y telégrafos, los soldados delos cuarteles, los marineros delos barcos mercantes o de guerra e incluso os auxiliares de bibliotecas y laboratorios o los cuidadores de los hospitales asesinaron o expulsaron a sus jefes y tomaron el control ellos mismos, organizando comités para purgar a los indeseables.

    En las ciudades y pueblos surgieron de forma espontánea " comités revolucionarios", que e incluían generalmente un miembro de cada uno de los partidos de los trabajadores, y i bien reemplazaron a los ayuntamientos republicanos o, más a menudo constituyeron a su lado un poder dual o triple. Las fricciones eran frecuentes, pero casi invariablemente terminaban con el triunfo del que tuviera mayor cantidad de pistolas. Los trabajadores armados asumieron funciones policiales y tuvieron que ser pagados por el ayuntamiento o. por los propietarios y comerciantes cuyas vidas y propiedades decidían proteger. Incluso los anarquistas, que eran el grupo más fuerte en muchas ciudades dela costa mediterránea, aceptaron provisionalmente los métodos del odiado régimen del Estado y, tras haberse apoderado de la mayoría de los vehículos privados, escribieron con tiza en el frente y los lados de algunos de ellos sus iniciales FAI ( Federación Anarquista Ibérica) y debajo l apalabra mágica " policía". Cuatro hombres sentados en el interior apuntaban con sus sus fusiles a través  de las ventanillas, mientras en ocasiones, uno se tumbaba en la parte superior y otros dos iban de pie en los guardabarros cada uno con una pistola amartillada en su mano.
 
    Cuando los servicios de ferrocarriles se reanudaron, hombres con fusiles y mujeres con pistolas entraban en los vagones en cuanto el tren se paraba en una estación y pedían. a los viajeros papeles que demostrasen que simpatizaban con el Frente Popular. Los pasaportes no valían, certificados o simples notas con el sello de algún sindicato eran más efectivos.[....]

    La guerra civil hizo más difícil la vuelta a la normalidad, con ciertas concesiones a la  autonomía de los partidos más grandes se alcanzó en el lado nacional más fácilmente que en el republicano, porque el primero se adecuó desde un principio al modelo fascista, que aunque odiado por carlistas, monárquicos y muchos católicos, era considerado eficaz e indispensable en tiempos de guerra. Los republicanos por el contrario, insistieron en mantener un marco democrático, que dadas las circunstancias, fue solo un estorbo.

    Los nacionales, dándose cuenta de que la democracia se había vuelto imposible, aceptaron provisionalmente la técnica fascista, que apoyaba una pequeña minoría ;los republicanos, por su parte, se negaron a someterse a la dictadura comunista y tuvieron que librar una guerra y, a la vez, resolver una revolución camuflada de legalidad, pero dirigida por una maquinaria gubernamental multidireccional. Por último, pero no por ello menos importante, el número de partidos era mayor y sus antagonismos más fuertes entre los republicanos que entre los nacionales. Estas discrepancias eran, probablemente, la primera razón de la frialdad hacia el legítimo gobierno español por parte de ciertas democracias que, obviamente no podían simpatizar con los rebeldes. Consideraban el programa nacional indeseable, pero posible, mientras, que no eran capaces de imaginar lo que podía salir de un revoltijo de partidos republicanos que no coincidían en un sola delas reformas que planteaban


    III. LOS GOBIERNOS REPUBLICANOS


    El gobierno de la España republicana, desde el inicio de la revolución el 18 de julio de 1936 hasta la caída de Madrid el 26 de marzo de 1939, muestra las siguientes alternancias principales:

    1) Un gabinete encabezado por Martínez Barrio, de republicanos conservadores y moderaos, dirigido un compromiso con los generales rebeldes existe y evitar la guerra civil. Duró sólo unas horas, pues uno de los imperia in imperio extra constitucionales, los sindicatos de trabajadores, interpuso si veto y el Presidente tuvo que nombrar un nuevo gabinete. Fue un serio golpe a los principios democráticos, y aunque Azaña había intentado salvar a la democracia e impedir el comunismo, tuvo que someter y amar a las masas, lo que hizo la guerra civil inevitable.

    2) Un gabinete de Giral, un republicano catedrático de química, fue el siguiente. Era honesto, carecía de preparación política, popularidad o apoyo de las masas, pero tampoco tenía enemigos y era amigo personal del presidente Azaña. El gabinete estaba formado sólo por republicanos y su misión era formar el núcleo neutral de un poder central y evitar el predominio cualquiera de los grupos extremistas o , en otras palabras tranquilizar tanto alas clases medias españolas como a las democracias extranjeras mostrando que no existía el peligro de una dictadura de proletariado. Pero contaba sólo con la confianza de los no combatientes y de las víctimas del populacho. Las verdaderas fuerzas contendientes estaban fuera de control. Ni siquiera tenía suficiente policía; no podía evitar asesinatos, incendios; saqueos; Barcelona y Valencia y otras ciudades eran prácticamente independientes y estaban controlados por los sindicatos. Cuando los ejércitos nacionales derrotaron a las pobres milicias republicanas y se acercaron. A Madrid, el gabinete Giral tuvo que dimitir. Fue el equivalente del Kerenski y su Duma haciendo frente a la red de soviets por todo el país.

El Gobierno se enfrentó a escollos aún más peligrosos. La Republica ya había hecho imposible la libertad y la democracia. Ahora, lo que estaba en juego era su propia existencia y qué régimen político podía dirigir una guerra civil.

El problema de la multiplicidad de partidos hostiles entre sí se había hecho aún mayor, pues había ahora una distinción entre partidos ilegales, que trabajaban, que trabajaban, resistían y conspiraban en la sombra ( fascistas, carlistas, radicales, Acción Popular, agrarios y los monárquicos) y  partidos  legales eran nacionales y se ocupaban de los problema política generales ( Izquierda Republicana bajo el mando de Azaña, Unión Republicana bajo Martínez Barrio ,socialistas moderados, marxistas revolucionarias comunistas, troskistas, sindicalistas y anarquistas) y estaban también los partidos que defendían intereses locales dentro de l apolítica nacional ( los autonomistas vascos y los diversos grupos catalanes representantes de todos los matices de opinión, desde la autonomía hasta la independencia y del capitalismo al comunismo).[...]

había amplias diferencias y antagonismos entre los partidos en Madrid, en Cataluña y en las Provincias Vascas, sin embargo, la lucha principal en estos días no fue una discusión del régimen político del país como una carrera entre los grupos para hacerse con lar armas, los vehículos de motor, el dinero, el control de los servicios públicos, las fábricas y los palacio. Muchos querían esas cosas para si mismos como despojo de sus festines revolucionarios; otros, como un medio para obtener el control supremo del Gobierno. El resultado fue una guerra civil interna que las autoridades legales no pudieron prevenir ni dominar. El Gobierno sólo tenía un poder nominal, una especie de Sacro Imperio Romano Germánico entre los señores medievales. nadie negaba su autoridad, pero nadie se sometía a ella a no ser que buscase una coalición contra otros grupos. Como cada partid tenía su propia fuerza armada, el gobierno central no podía ni siquiera ejercer el mando supremo. Se le responsabilizaba de las derrotas mientras que las victorias eran atribuidas a las milicias delos partidos. Cuando las tropas nacionales avanzaron hacia Madrid el gabinete Giral; tan impotente ante los enemigos internos como ante los externos; tuvo que dimitir.

    3)  El primer gabinete de largo Caballero, el 4 de septiembre de 1936, parecía haberse formando siguiendo el viajo consejo, de M " Deja que gobiernen aquellos que hacen imposible el gobierno" Pero algunos de ellos se negaron a gobernar, porque habían aprendido durante el período republicano que los puestos con mayor capacidad de control estaban al margen del poder público. Después de todo, la autoridad legal tiene limitaciones y la fuerza al margen de la ley no tiene ninguna. Los anarcosindicalistas, enemigos del Estado, y con más de un millón de miembros en los sindicatos de la CNT, no aceptaron puestos en el gabinete.  Este formado por 6 socialistas,2 comunistas, 2 republicanos de izquierdas y 1 nacionalista vasco.Decisivo para este Gobierno fue el hecho de que Largo Caballero,  que además de la Presidencia del Gobierno se hizo de la cartera de Guerra, era obviamente incapaz de entrenar o mandar tropas tuvo que poner esas funciones esenciales  en manos de los técnicos rusos, los únicos mandos disponibles y en los que las masas confiaban. Además, Stalin, que en agosto había prohibido la exportación de material de guerra a España, decidió a comienzos de septiembre ayudar al nuevo gobierno dirigido por el marxista Largo Caballero, y cuando los ejércitos rusos empezaron  a llegar, los comunistas sintieron fortalecidos y quisieron convertirse en los árbitros de la situación.
   
 Pero dos socialistas encabezaban dos departamentos que proporcionaban mucho poder. Indalecio Prieto era ministro de Marina y Aire, y Negrín ministro de Hacienda. Prieto era [...] socialista moderado que conocía las posibilidades y limitaciones de la política española y se daba cuenta de que la Marina y la Aviación tendrían la última palabra en la guerra civil. Quería  ponerlas bajo la disciplina socialista y concebía el socialismo como una colaboración de la burguesía y el proletariado. Negrín, ni experiencia, ni ideas políticas, ni control sobre las masas[...].Pensaba que la victoria y el control de país dependían del dinero, los soldados y la dirección militar. Muy pronto se convirtió en el dueño del dinero y de toda la riqueza del país. La propiedad privada no le impidió apoderarse del oro y los valores  de los ciudadanos extranjeros y bancos. Un decreto del 3 de octubre sancionó su apropiación aun precio oficial nominal.[...]

    La perspectiva de armas, dinero y poder en manos de los socialistas y comunistas hizo que los anarcosindicalistas de la CNT temieron verse forzados a ceder alguna de las posiciones que habían alcanzado durante los primeros meses de anarquía y revolución, y esto les hizo aceptar puestos en el gabinete. Quizá Rusia aconsejara que era mejor tener a otros enemigos de la mano en vez de prescindir de ellos.



    4) El segundo gabinete de largo Caballero, el 4 de noviembre de 1936, incluía 6 socialistas, 2 comunistas, 4 miembros de la anarcosindicalista CNT y otros 6 de otros partidos del Frente Popular. Esta amplia coalición se logró cuando los ejércitos enemigos estaban casi a las puertas de Madrid lo que provocó que el Gobierno tuviera que huir a toda prisa hacia Venecia [...]

    La defensa de Madrid por las Brigadas Internacionales y las armas enviadas por Rusia aumentaron el poder y prestigio del pequeño Partido Comunista. Empezó también a ganarse la confianza de la burguesía que veía el comunismo como un medio de conjurar el peligro anarquista. Al tener el control de los argumentos rusos os comunistas pudieron expulsar a los troskistas del gobierno catalán en diciembre.

     Sin embargo, aunque los comunistas una vez en el poder adoptaron una postura conservadora, la opinión pública española suscitó dos serias objeciones contra ellos, una, que eran una organización extranjera intentando inmiscuirse en asuntos españoles, objeción que les hacía más odiosos cuanto mayor era su éxito ; la otra, que sus métodos autocráticos iban en contra del temperamento liberal español y les hacían tan parecidos a los odiados fascistas qu el agente se preguntaba si la diferencia merecía una guerra civil.
    Estas dudas se extendieron ampliamente entre la burguesía, los republicanos y socialistas moderados y les llevaron en ocasiones a buscar una alianza con los anarcosindicalistas típicamente españoles contra el control comunista extranjero.[....]

    Quizá el gobierno ruso se percató de la situación. En cualquier caso el general Kleber, famoso comunista, perdió su puesto; el influyente embajador ruso Rosenber, que había sido consejero del gobierno español, fue retirado y el Partid Comunista Español proclamó su felicidad al gobierno de Largo Caballero. Mientras. éste hacia esfuerzos para lograr una cierta unidad, refrenar los poderes extralegales y acabar con miles de gansteres que mantenía el país en el terror. El éxito no debió ser muy grande, pues [ Tanto  en el gobierno central  transferido a Valenciaa, como en Barcelona.[...]

    En los terroríficos disturbios de Barcelona del 3 de mayo de 1937 los rebeldes fueron principalmente anarcosindicalistas y troskistas. El gobierno republicano-socialsita-.Las tropas recibidas por los barceloneses como libertadores, pero la represión  fue considerada la insuficiente por los republicanos, los comunistas y los socialistas moderados comunista de Barcelona fue ayudado desde valencia por el gabinete  de Largo Caballero. Los comunistas pusieron también objeciones a  la medida del Gobierno contra los agentes  del OGPU ruso, activo en España y a su relativa indulgencia hacia los troskistas. Largo Caballero perdió su confianza sin ganar la de sus enemigos los anarquistas. Tuvo que dejar su puesto a un socialista audaz ,mejor relacionado, tanto con los comunistas como con la burguesía. Esta crisi fue atribuida la presión de Rusia [...]



    5) El primer gobierno de Negrín, el 17 de mayo de 1937, incluía socialistas de centro, comunistas, republicanos, autonomistas catalanes y vascos. Las ideas centralizadoras de  Negrín [...] le indujeron centralizadoras de Negrín y su confianza a retener junto con el puesto de Presidente del Gobierno, la cartera de Hacienda que había ocupado en el anterior gabinete y , además las de Economía, Comercio e Industria. Puso al moderado y popular socialista Prieto a cargo de todos los ministerios de Defensa ( Tierra,Mar y Aire)[...]

    Negrín tenía y aun ejército de carabineros o vigilantes de costas y fronteras-mejor equipados y entrenados que cualquier otro.- y controlaba todos los recursos financieros del país.

    Como cabeza de gobierno pretendía a todas las milicias de los partidos sen un gran ejército nacional , neutral e independiente de las influencias políticas y emancipado de Rusia y otros mandos técnicos extranjeros [...] Negrín necesitaba a los comunistas por su rígida disciplina, persistencia y capacidad de concentrarse en un objetivo, cualidades  preciosas para la acción, y también la ayuda rusa que aportaban, Asimismo necesitaban a los republicanos que todavía inspiraban confianza entre el pequeño porcentaje de clase media cuya fe había resistido la experiencia traumática de la República.[...]

    En relación con el más obstinado nacionalismo catalán, tuvo una idea inteligente: transfirió el gobierno central de valencia a Barcelona en octubre de 1937. Esto desconcertó y molestó a los jefes políticos catalanes, pero Negrín argumentó que quería estar cerca de las fábricas de municiones y material de guerra.

    Sus únicos oponentes eran los marxistas revolucionarios, los troskistas, los anarcosindicalistas y la llamada " quinta columna " fascista. Los primeros habían perdido prestigio bajo Largo caballero[...] Los trsokistas habían sido ya severamente castigados desde las revueltas de Barcelona de mayo de 1937. Los anarcosindicalistas eran más difíciles de controlar porque se habían apoderado de los servicios de transporte y de las fábricas y habían acaparado armamento ,oro y valores, robados en sus continuos registros domiciliarios. pero Negrín contaba con la opinión pública, que estaba ya horrorizada del pillaje, y redujo gradualmente su resistencia haciéndose cargo y militarizando las industrias y servicios, haciendo registros en busca de armas y tesoros escondidos, procesado a muchos de ellos, exiliando a otros y encarcelando a los menos peligrosos.

    Los fascistas de la " quinta columna" eran las cabezas de turco de todos los partidos y sufrían la más implacable persecución. Cada revuelta de origen desconocido, cada derrota militar y cada cruel bombardeo eran achacados a sus maquinaciones [...]

    La purga despiadada de troskistas, anarquistas y fascistas, llevada a cabo bajo la tensión de una campaña militar, se vio forzada a adoptar la misma forma moderna que en Rusia o Alemania, una policía omnipotente y secreta.[...]

    En contraste con estos métodos totalitarios, Negrín se esforzaba por ser lo más tolerante posible, sin correr riesgos, [...] Intentó volver a celebrar servicios religiosos, aunque sin mucho éxito, pues el Vaticano no aceptaba un clero escogido de entre los partidarios de la República. Convocó al Parlamento y permitió que se sentasen en él diputados de  los partidos de la oposición (radical. centro), pues había rechazado definitivamente la sugerencia comunista de un régimen de partido único. Pero , en realidad, las cuestiones constitucionales fueron silenciados durante la guerra, y los líderes pidieron disciplina, obediencia ciega y sacrificio [...]

    Durante la guerra civil no fue posible, ni por un momento, mantener un auténtico  régimen democrático ni garantizar los derechos del individuo establecidos en la Constitución. [...]

    La opinión pública fue totalmente amordazada. La libertad de expresión era proporcional al número de fusiles que había detrás  de cada escritor, pero no había armas ni partido alguno que respaldase la igualdad o la libertad para todos los ciudadanos. La mayoría estaba aterrorizada y buscaba  la seguridad en el silencio o en la aquiescencia fingida. Desde el inico de la revolución no existieron mecanismos para verificar las verdaderas corrientes de opinión uy su volumen. Nopocos apologistas de la causa republicana se retractaron enérgicament una vez cruzada la frontera francesa.

    Para evitar este risego y esta afrenta a la España que se suponía estaba luchando por la libertad, el Gobierno se vio obligado a hacer mas severas las restricciones sobre la emigración, una medida anticonstitucional que convirtió el país en una enorme prisión para millones de personas aterrorizadas y muertas de hambre.

    En esta sociedad feudal y sin ley en las que había además varias inquisiciones  independientes y opuestas. Negrín intentó hacer lo que hacían los grandes reyes delos siglos XIv y Xv: enfrentar a los nuevos señores feudales ( republicanos, socialistas, comunistas, marxistas y anarcosindicalsitas) uno contra otro para lograr unidad y  un control más riguroso de la autoridad central. Pero olvidó un elemento esencial del Renacimiento: los juristas, que eran los promotores de la estabilidad y la confianza.

  [...] logró parcialmente la unidad por la fuerza, pero ni siquiera intentó desarrollar un sistema legal de derechos individuales garantizados, no acepto ni una propiedad privada ni  un colectivismo definitivos, no pudo solucionar la confusión político-eligiosa, ni llevar adelante una reforma social ampliamente aceptada,  ni siquiera alimentar alas mas hambrientas

    Viendo que sus esfuerzos titánicos no llegaban a nada, y que sus ejércitos fracasaban en su intento de detener los avances nacionales, su ministro de defensa, el sagaz y práctico Prieto, perdió toda esperanza y aconsejó la rendición. Negrín no aceptaba la derrota y para seguir adelante, decidió reorganizar su gobierno y cambiar su estrategia política.


    6) El segundo gobierno de Negrín, el 5 de abril de 1938, estaba formado por republicanos, socialistas, comunistas, delegados delos grandes sindicatos ( UGT) y la extremista ( CNT), nacionalistas catalanes y vascos. Fue una reconstrucción del frente electoral de febrero de 1936. Aunque la UGT y ano estaba representada por largo Caballero sino por González Peña, un líder de la revolución asturiana de 1934 que había dado un giro hacia el socialismo moderado[...]

    El 30 de abril Negrín intentó también tranquilizar tanto al os españoles como a las democracias extranjeras. Dio a la luz una declaración incluyendo en trece puntos los esenciales del bando republicano

 IV EL GOBIERNO NACIONAL

     Mientras en el lado republicano la opciones eran muchas, contradictorias e inciertas, y el Gobierno pretendía estar luchando por una democracia, la única solución que era posible, en la España nacional había solo una salida clara: una dictadura militar que, amenos que se  inventasen nuevos modelos, estaba obligada buscar inspiración en experimentos europeos previos.

    No quiere decir esto que en la España nacional hubiera más unidad que en la republicana. Muchos meses después de la rebelión militar todavía había bandas armadas en las montañas. Incluso en la ciudad y dentro del Ejército: los principales partidos actuaban hasta cierto punto de manera independiente y, a menudo, eran hostiles unos con otros y tenían sus propias milicias con uniformes diferentes. entre los generales del ejército regular había también varias tendencias[...] Ls fricciones entre españoles, moros, alemanes e italianos eran frecuentes y a menudo sangrientas [....]

Esta mitad de España estaba también dividida en muchos grupos políticos [...]

Los partidos tolerados mostraban un abanico muy similar al de la España republicana: a la derecha estaban los autocráticos carlistas con su tradicional honestidad, valor y estrechez de miras, y algunos católicos intolerantes temerosos de la libertad, en el centro , un grupo considerable de católicos más abiertos, monárquicos constitucionales y republicanos conservadores,; a la izquierda, los falangistas, con su juventud militante, un conglomerado de hombres de creencias diversas, desde antiguos anarquistas  a católicos ortodoxos que coincidían el odio al comunismo y que esperaban una revolución que llevase a un nuevo orden, el cual ante la falta de tradición española al respecto, se parecía  proyecto de sindicatos verticales del fascismo. Estas tres corrientes, correspondían, en muchos aspectos, a la de la España republicana y tenían las mismas razones psicológicas. Aquí también el centro podría haber sido el árbitro si hubiera tenido un programa un poco definido, estimulante y progresista. Pero mientras en esta zona los fascistas tenían en Italia un modelo, una fuerzas organizada y vigorosa, los anarcosindicalistas del lado republicano se aferraban a lo que todavía es sólo un mito fascinante.

    la relación entre los falangistas españoles y la Iglesia fu en uno de los escollos más peligrosos, [...] Franco y los falangistas no querían ser peones del Vaticano abogaban por la libertad de conciencia; pero en busca de unidad y obediencia, cesaron a funcionarios heterodoxos y volvieron a dar la Iglesia el monopolio  religiosos en las escuelas. El reloj religioso se atrasó a los día s del siglo XIX, lo que fue tanto como decir:Es un problema sin solución"[...]

    Franco , como antes la monarquía restaurada en 1875 y la Segunda República en 1931, se encontró entre dos corrientes opuestas: una reaccionaria y cauta, la otra revolucionaria[...] Franco, como Azaña, pareció preferir la la fuerza más violenta y quiso dar al país una impresión de vida nueva cuando anunció en su discurso de Zaragoza, el 19 de abril de 1938,"una revolución genuinamente española[..] El general Franco que debido a su habilidad militar, moderación política y carácter reservado y circunspecto se convirtió en el líder dominante[...* Asumió que a España no le gustaría volver al desorden político y que deseaba algo nuevo. Los carlistas no eran una novedad[...] los falangistas eran el producto más joven de la creatividad política en España.

    En abril de 1937, el general Franco decidió disolver los partidos monárquicos y republicanos y fusionar a carlistas y falangistas en un único partido al que todos los oficiales de los tres ejércitos, en activo o en la reserva, estaban obligados a pertenecer. La vieja idea de un partido político con la unión voluntaria de ciudadanos que comparten ciertos ideales e intentan hacerlos prevalecer en la vida pública, fue por tanto barrida y reemplazada por la concepciones dictatoriales de Rusia, Alemania e Italia.
    El partido falangista había establecido un programa de 27 puntos con estos principios básicos: unidad nacional, visión militarista de la vida, educación preliminar obligatoria, estructura totalitaria del Estado, organización económica a la manera de un gigantescos sindicato de productores pero con reconocimiento de la propiedad privada, abolición de la lucha de clases, protección de los más pobres y débiles frente a los más fuertes, derecho al trabajo y deber de trabajar, precios mínimos fijos para todos los productos del suelo, aranceles para proteger la agricultura y la cria de ganada, redistribución de la tierra cultivable, fácil acceso a la educación superior para todos los estudiantes con talento y un concordato entre la Iglesia y el Estado.

    El partido recibió sus estatutos por el decreto  del 5 de agosto de 1932. Estaba encabezado por el general Franco, quien fue declarado responsable  ante Dios y la Historia ( una manera suave de expresar la máxima bizantina; princeps legibus solutus) y fue investido del derecho  a designar su sucesor[...]

    El general Franco fue nombrado jefe del Estado el 1 de octubre de 1936.[...]

caciques, espías y pelotones de fusilamiento eran los principales agentes políticos en toda España . Hacia finales de 1937 el sistema obtuvo reconocimiento oficial y se intentó un cierto control central. El general Martínez Anido cabeza de los servicios de orden público hizo publicar en la prensa una invitación a que todos denunciasen no sólo hechos, sino incluso los detalles que pareciese más insignificantes  de la vida de personas sospechosas. No disponemos de estadísticas de resultados. El mero hecho de la existencia de estos servicios respaldado por el poder público implicaba unas condiciones de psicología colectiva y vida social que sólo pueden imaginar aquellas personas que la han experimentado.

VI .   JUSTICIA.

Rl progreso de las ciencias sociales ha sido [...] incapaz de darnos una descripción satisfactoria del concepto de  justicia, pero al menos hemos encontrado tres condiciones que parecen ser absolutamente esenciales: 1) una ley previa a los actos que deben juzgarse; 2) una forma de procedimiento que permita que se verifique la verdad delo hechos; y 3) un órgano de decisión separado de cualquier interés o pasión que no sea el imperativo de la ley.
    
[...] a pesar de dos gobiernos y miles de personas honestas en ambos lados, esforzándose todos ellos en pro de la justicia, la cruda realidad era un mero enfrentamiento de fuerzas librando guerras parciales en el marco de una gran guerra civil.

    pero pronto, bajo el imperio de la violencia y la ira, fue tomando forma, distinta dela  mera venganza individual. Todo partido o grupo con fuerza suficiente estableció prisiones privadas a menudo en lugares  más repugnantes que las mazmorras de los castillos, y organizó tribunales, llamAdas "checas" en el lado republicano, que decidían en breve proceso oral quién debía ser ejecutado, quién liberado y quién encarcelado.

    No había leyes o normas, pero tres o cinco hombres sentados detrás de una mesa prestaban alas sentencias una cierta autoridad o dignidad [....] El primer escalón  en el camino de la justicia en las sociedades primitivas ha sido siempre la venganza privada revestida de formas solemnes.

    Sus veredictos no siempre se obedecían. Rara vez conseguía escapar un condenado; y a menudo un hombre que, habiendo sido absuelto, dejaba la lúgubre habitación cargada de humo como si saliese de su tumba , era asesinado de un tiro ala vuelta de la primera esquina por sus acusadores, que  enmendaban l ajusticia popular con otra más popular aún.

    Esta venganza fue, en algunos casos, personal; en otros fue similar ala vendetta italiana, buscando el exterminio de las familias. Mujeres  y niños eran a menudo asesinados junto con sus hombres.

    ¿ Cuál era la actitud de los gobiernos ante esto?

    Ambos gobiernos intentaron refrenar o al menos conducir la ira popular. De hecho, en el lado republicano, donde el gobierno de las masas prevalecía, los numerosos decretos sobre los tribunales, procedimientos legales y restricción de los registros domiciliarios revelan un intento insistente de poner orden en medio del caos. Se aceptaron tribunales populares en sustitución de la antigua organización judicial, pero la autoridad prescribió que debían consistir en  un jurado de 14 hombres y 3 jueces por provincia. En la España nacional los tribunales , como norma general, estaban compuestos por jueces, oficiales del Ejército y delegados fascistas. Es difícil creer que en media España el espíritu de justicia hubiese súbitamente, pasado a morar en los corazones de los trabajadores ,mientras en la otra mitad se hubiese vestido con uniformes militares y camisas azules.
    
Una explicación más sencilla es obvia: en el área republicana, los trabajadores tenían el poder; en la  nacional, el Ejército y los falangistas. Los gobiernos habían tenido que rendirse  a la realidad y reconocer la fuerza y el ardor partidista como instrumentos de justicia

[...] ambos gobiernos se apresuraron a revestir  con un ropaje legal los juicios arbitrarios. Una serie de decretos definieron nuevos delitos para amoldarse a los caprichos de esos tribunales sin ley y para permitirles castigar legalmente, casi cualquier acción- Por ejemplo, el decreto republicano  del 10 de octubre de 1936 describía como criminal , entre otras cosas, " cualquier acto que por sus circunstancias o consecuencias pudiera ser estimado dañino para los intereses del Gobierno, la comunidad o la República. Otros varios decretos multiplicaron la lista de delitos y castigos. Además de conceder una amplia capacidad de interpretación a los tribunales, se aplicaban a hechos que se habían cometido antes de que existiese la ley. Esta retroactividad de las normas legales, que prevalecía en Españas, sólo aumentaba el terror legal y la anarquía [...] Ambos gobiernos insistieron también durante la guerra civil en una continua " purga" de supuestos, espías, traidores, derrotistas, especuladores o simpatizantes dela causa del enemigo[...]

    Una obsesión  característica  de los revolucionarios en la España republicana fue fue hacer desaparecer todos los registros penales previos. El Gobierno lo sancionó en decretos del 2 de noviembre y el 19 de diciembre de 1936, aunque el mismo organismo organizó un nuevo registro en valencia para las transgresiones subsiguientes. La intención era borrar la biografía anterior de los líderes revolucionarios, demasIado familiarizados con el interior de las cárceles, un propósito que revela, después de too, una conciencia moral latente.
    
A pesar delos continuos esfuerzos de los representantes del Gobierno, el progreso hacia una cierta unidad y garantías externas de justicia fue muy lento. En l aEspaña republicana, grupos descontrolados estuvieron hasta el último momento del régimen encarcelando y ejecutando gente a gran escala. En marzo de 1939, pocos días antes de la caída de Madrid, se informó que las tropas del general Miaja habían liberado a 500 prisioneros retenidos por los comunistas en una prisión ilegal en el Palacio rea de El Pardo.

    Hombres que se auto proclamaba demócratas ordenaron la ejecución de ciudadanos por el crimen de haber votado a candidatos de los partidos de centro o por haber sido elegidos miembros del Parlamento en las últimas elecciones. Escritores que hasta entonces habían  defendido la libertad de conciencia y prensa publicaron en sus periódicos " listas negras" de individuos  que serían liberado a asesinos profesionales por haberse atrevido a publicar artículos denunciando lo que ellos consideraban errores políticos







IX EL COLAPSO DE LA REPÚBLICA

Gracias  a los admirables esfuerzos de Negrín, los ejércitos republicanos  mejoraron su organización, entrenamiento y unidad de mando, pero al mismo tiempo perdieron terreno de forma casi continuada. Los territorios controlado por los republicanos se reducían de mes ames, sus recursos disminuían, su población relativa aumentaba con miles de refugiados, la ayuda rusa era menos generosa y los aviones italianos más abundantes.

    A comienzos de abril los líderes más prudentes consideraban la situación militar desesperada y aconsejaban la rendición inmediata. Negrín, decidió resistir, esperando quizás que una crisis europea o un cambio en la política americana de neutralidad le permitiera usar sus reservas  de ora comprar aviones y armamento que, en su opinión, era lo único que necesitaba para una victoria segura. Entre tanto, la escasez de alimentos era tan sería que la policía tuvo que cargar contra las colas formadas ante las tiendas; muchas gente estaba famélica, los niños y los enfermos morían a miles y sólo un terror cruel manteniendo por una red de policía secreta y continuas ejecuciones impedía el colapso.
    
    El doloroso sacrificio fue inútil. La catástrofe europea no se produjo, los simpatizantes americanos fueron incapaces de derogar la prohibición al comercio de armas y, a pesar de la presencia del Gobierno en Barcelona, las defensas catalanas cayeron. Una de las más desastrosas desbandadas  de la  historia tuvo lugar hacia la frontera francesa[...]

    La prensa ha descrito los miles de civiles, soldados heridos, mujeres y niños  que [...] hacían cola en la frontera, dormían en los campos o en las cunetas en las frías noches [...] dejando tras ellos un rastro de víctimas en forma de muertos, debilitados y agonizantes; cómo cruzo la frontera Negrín con cinco  automóviles, y una escolta armadas con pistolas, rifles y ametrallaldoras, los camiones cargados de oro en barras y monedas, y los soldados y oficiales acarreando su botín de joyas de los hogares españoles, hasta que 10 de febrero: los últimos puentes y el castillo de Figueras fueron volados y las últimas tropas republicanas, con sus principales líderes, entraron en Francia y Perpignan.[...]

    El Presidente de la República, Azaña que buscó asilo en la embajada española en parís, no pudo ser convencido para que volase a Madrid a continuar la resistencia. Contra su opinión y la del portavoz del Parlamento español, y a pesar de la fría actitud de Moscú, Negrín asumió todos los poderes del legislativo y ejecutivo, voló de vuelta a España confiando en que una resistencia desesperada pudiera terminar en una rendición con la promesa de clemencia. Su valor fue mayor que su visión política.

    Azaña dimitió de la Presidencia estando todavía en Francia, el 27 de febrero de 1939, pero no había suficientes parlamentarios en Madrid para elegir un nuevo Presidente. La Constitución no tenía previsto para un caso semejante. No había ningún procedimiento legal para liquidar la República, Negrín, con unos pocos ministros, continuó actuando como un gobierno de facto. pero no por muchos días.

    El ejército comunista-socialsita-anarquista-republicano, que se había mantenido vagamente unido ante un peligro común, se rompió ante la alternativa de resistir o rendirse, para la que no había salidas intermedias. En su aspecto político, la crisis fue una rebelión de socialistas moderados, republicanos y narcosondicalsitas contra lo que ellos consideraban una dictadura comunista encabezada por Negrín. Pocas horas después de que éste promulgase el decreto que le  concedía al mando de todos los ejércitos para conseguir la necesaria unidad de cara al último y supremo esfuerzo, algunos de los comandantes se negaron a obedecerle y Negrín cayó como el rey había caído.

    El 16 de marzo de 1939 se organizó un Consejo nacional de defensa. Incluía a representantes de los principales partidos del Frente Popular exceptuando a los comunistas, Declararon que pretendían prevenir un golpe de Estado comunista encabezado por Negrín y le acusaron de incapacidad procedimientos ilegales y de intentar huir con sus amigos en l ahora suprema y conseguir un exilio fácil en el extranjero.

    Julián Besteiro, el bueno e ilustrado socialista evolucionista que coherentemente  había votado dentro de su partido en contra de los métodos revolucionarios y en contra de la intervención militar en la política, entró por primera vez a formar parte de un gobierno [...] Besteiro se había negado durante la guerra civil a ocupar ambicionadas embajadas en el extranjero que proporcionaban elevados ingresos y una seguridad tentadora. Había rechazado altas posiciones políticas porque no quería cooperar con un gobierno a no ser que fuese para un arreglo pacífico del enfrentamiento civil. Se quedó en Madrid y ayudó a salvar vidas inocentes y alimentar a la población hambrienta. en ese momento se hacía cargo de las responsabilidades oficiales sólo para impedir un epílogo de asesinato y saqueo ante la inevitable caída de Madrid. Confiaba en poder salvar civiles y soldados, incluso si el precio era su propia libertad y vida.
         
            Pero los comunistas y los seguidores de Negrín no querían rendirse. Una horrible batalla estalló en el interior de Madrid y los comunistas fueron dominados, en su cuartel general  se encontraron grandes reservas de comida y muchos prisioneros retenidos ilegalmente; la flota republicana huyó de  Cartagena  hacia Bizerta; Negrín, varios de sus ministros y algunos de los líderes extremistas volaron a Francia o al África francesa. el sentimiento anticomunista estalló con rabia y una protesta general contra Moscú cerró los tres años de experimento revolucionario, cuando el 28 de Marzo de 1939. Madrid se rindió a los ejércitos nacionales










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