LA AGRESIÓN A LEIZAOLA Y LA LLAMADA A LA 'RESISTENCIA ARMADA' DE PILDÁIN.



  Antonio Pildain Zapiain


La agresión a Leizaola y la llamada a la 'resistencia armada' de Pildáin
El vicario general de Vitoria fue detenido en Irún con documentos para evadir capitales

P. ONTOSO BILBAO 

Los diputados de los partidos católicos, la minoría vasconavarra y la agraria, se retiraron de las Cortes como acto de protesta por la aprobación del polémico artículo 26 de la Constitución en la noche del 13 de octubre de 1931. Antes, el representante del PNV, Jesús María de Leizaola, fue agredido por un exaltado. El propio Manuel Azaña se refiere a este episodio y habla con desdén y desprecio del diputado vasco, el primero en intervenir para defender su voto particular. «Leizaola pobre diablo, fanático y entontecido, que adujo razones pueriles y de primer año de colegio. Le ví sólo en una de las escalerillas entre los escaños. Le dieron un puñetazo en la nuca mientras increpaba a los republicanos», escribe el líder político en su libro 'Memorias políticas y de guerra' (Crítica).

El enfado fue tan monumental que, incluso, el sacerdote y diputado Antonio Pildaín Zapiain, canónigo lectoral de Vitoria, se acogió a la doctrina católica para oponerse a una ley injusta con tres posiciones «perfectamente lícitas», entre las que incluyó «la resistencia activa a mano armada». Otra intervención polémica en la misma línea, invocando de forma velada la lucha armada, vino de la mano del dirigente de la minoría vasconavarra Joaquín Beunza, tal y como recoge Juan Ferreiro, profesor de Derecho Eclesiástico, en 'Relaciones Iglesia-Estado en la II República española' (Atelier).

Otro episodio significativo al que aluden tanto Ferreiro como Azaña, tuvo como protagonista a Justo Echeguren, vicario general de la diócesis de Vitoria, al que le fueron confiscados en la frontera de Irún documentos del cardenal Pedro Segura en los que se animaba a los obispos a vender bienes eclesiásticos y a colocar las ganancias en fondos extranjeros. Esta operación de evasión de capitales y fraude fiscal enconó más las relaciones con el Gobierno. Echeguren acudía a Anglet, donde se había refugiado su obispo, Mateo Múgica. Segura permanecía en el monasterio de Belloc. Ambos se habían enfrentado al Ejecutivo con cartas pastorales críticas a la política republicana.

El Gobierno se comprometía, a cambio de la cabeza del purpurado, a influir en los diputados para rebajar los aspectos más anticlericales de la Constitución. El presidente de la Conferencia Episcopal, Vidal i Barraquer, y el nuncio, Federico Tedeschini, se emplearon a fondo para buscar una normativa concordada que garantizase un 'modus vivendi'. Incluso pilotaron una misión secreta para lograr el placet a Luis de Zulueta, concuñado del socialista Julián Besteiro, como embajador en la Santa Sede. Su empeño fracasó tanto en la Curia de Roma como en las Cortes de Madrid.


Comentarios

Entradas populares de este blog

CLARA CAMPOAMOR: LA REVOLUCIÓN VISTA POR UNA REPUBLICANA .(1937)

LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD EN ESPAÑA. DEBATES PARLAMENTARIOS, 1810-1886.