LOS SOCIALISTAS ANTE EL GOLPE DE ESTADO DE PRINO DE RIVERA.
El Socialista, 13 de septiembre de 1923.
EL PARTIDO SOCIALISTA Y LA UNIÓN GENERAL DE TRABAJADORES EXPONEN SU ACTITUD ANTE LA OPINIÓN PÚBLICA.
Reunidas conjuntamente las Comisiones Ejecutivas del Partido Socialista Obrero y de la Unión General de Trabajadores al enterarse delos acontecimientos iniciados en Barcelona esta madrugada acordaron dirigirse a sus afiliados, a los elementos simpatizantes, y, en general, a la opinión pública, para explicar su actitud sin veladura porque ponérselas equivaldría ocultar el pensamiento con disfraces poco gallardos en el momento de aparecer mansamente vencedora una sedición militar.
Pocas son las noticias que cuando deliberamos hemos podido recoger de la rebelión; pero aun siendo pocas bastan ( y más si se las relaciona con los antecedentes de quienes la han provocado) para descubrir el verdadero carácter de tan singular movimiento.
Altos jerarcas del Ejército, sacando alas calle las tropas, por la ley sumisas a su mando han sustituido violentamente con subordinados las autoridades civiles tras la publicación de un manifiesto ( cuyo texto íntegro desconocemos), en el cual, a través de reiteradas y calurosas manifestaciones de adhesión al trono, se exige el relevo de los hombres que ocupan el gobierno en España.
Ningún vínculo de solidaridad, ni siquera de simparías políticas nos liga con los gobernantes. Al contrario merecen los más duros reproches por haber incumplido desde el poder cuantas ofertas hicieron antes de escalarlo, y en singular aquellas por las cuales pudo abrigar el país la esperanza de ver, si no resuelto, por lo menos decrecido en su dolor el problema de Marruecos, devorador insaciable de todas las energías tradicionales. Precisamente las vacilaciones advertidas en el Gobierno y las conductas contradictorias revelaron bien pronto que carecía de fortaleza para resistir la presiones contrarias a lo que concentración liberal dijo ser su criterio.
Estas presiones hasta ahora actuantes en la sombra, son las que han salido descaradamente a la luz de la calle. El pueblo se encuentra hoy ante una rebelión militar que, en síntesis,( dejando aparte motivos muy secundarios ante la magnitud de las desastrosa aventura de Marruecos) pretende intensificar una acción guerrera que en catorce años de desarrollo sólo ha cosechado enormes y sangrientos desaciertos.
Lo que España repudia es lo que, a lo visto, precisamente quieren imponer los generales sediciosos. El pueblo, pues, no debe secundarlos. La actitud de la masa trabajadora, a quienes con preferencia y por nuestra representación nos dirigimos, debe consistir no en agrandar sino por el contrario en aislar esa sedición, que capitaneada por generales palatinos habrá podido sorprender de modo muy relativo en la esfera del Gobierno, pero habrá causado extrañeza en el Palacio de Miramar.
Hablan los caudillos directores de tan insólito movimiento, de su propósito de regenerar el país extinguiendo las lacras de nuestra vida pública, entre cuyas inmoralidades destaca la acción corruptora del favoritismo. ¿Con qué autoridad pueden expresarse así quienes llegaron a la cumbre, no por méritos propios, sino empujados por el favor político, siempre propicio a las sugestiones reales?
Corren lentamente las horas del día de hoy sin que se haga frente ala sedición nacida en vísperas de reunirse las Cortes y cuando éstas habían de enjuiciar las responsabilidades contraídas por los servidores del régimen en la hecatombe de Annual.
El Gobierno, habiendo requerido con urgencia la venida del monarca a Madrid para someterle el problema, aguarda, paciente, que se emprenda un viaje, de lentitud inadecuada a la gravedad de las circunstancias, y. a cuyo final está la opción entre el respeto ala Constitución jurada o la adhesión, quizá complaciente, a los sublevados
El pueblo español, y especialmente la clase trabajadora, que tan dolorosa experiencia ha adquirido del proceder delas altas jerarquías militares, no debe prestar aliento a esta sublevación, preparada y dirigida por un grupo de generales que pueden ostentar, como emblema, el favor y el fracaso enlazados, y no debe tomar iniciativas sin recibir las instrucciones de los Comités del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores que, conscientes de su responsabilidad, no habrán de ocultar su opinión, cualquiera que sean las circunstancias

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